Historia inspirada en el mito de Narciso.
Narciso era mi hermano. Ambos resplandecíamos con nuestra
belleza. Mientras todas y todos se enamoraban perdidamente de él, yo danzaba
como una sombra a su lado. Él detestaba los cumplidos. En cambio, yo no. La
diferencia consistía en que solamente yo era el público enamorado de mí. No
necesitaba el cumplido de nadie porque era autosuficiente. Pero un día, Narciso
murió ahogado en un estanque. Nadie supo lo que había ocurrido y por mucho
tiempo, se crearon historias alrededor de aquel estanque. Se esparcía entre la
gente que dicho estanque era una trampa de algún dios rencoroso que, al no
haber podido conseguir de su padre aquello que deseaba, obligaba, a todo aquel
que observase el agua del estanque, a lanzarse sobre las aguas, atraídos por
las imágenes de aquello que más deseaban. Sinceramente, nunca creí en ninguno
de los mitos surgidos tras la muerte de Narciso. Nuestros padres me negaban el
permiso de visitar el lugar de su muerte. Una noche de luna llena, vencida por
la angustia de su ausencia, fui al estanque. Una parte de mí temía encontrarse
con el cuerpo putrefacto de mi hermano flotando en la superficie. Sin embargo,
no hallé nada, solo el profundo silencio de la noche y el acompañamiento de la
luz blanquecina que la luna proyectaba sobre el agua del estanque. Noté una
extraña y confusa figura en ella. Sentía más curiosidad que temor.
Definitivamente era una figura humanoide. Mientras más la observaba más me
observaba. Era la figura humanoide más fea que jamás había visto o imaginado en
mi corta vida ¿Acaso mi hermano se cayó dentro del estanque por el susto de ver
lo que yo no dejaba de observar y analizar? Acerqué lentamente mi mano a la
superficie. Y en ese instante, a medida que tomaba consciencia de lo que estaba
pasando, la realidad me paralizó el cuerpo. Tropecé y me hundí en el estanque.
Preferí quedarme allí, en las profundidades, mientras mis pulmones se llenaban
de agua, antes que volver a ver mi rostro.
Hubiera deseado jamás haber visto mi reflejo. Entonces, aún
sería aquella hermosa bailarina de la que estaba tan orgullosa.
...
La hermana de Narciso, si supiera la verdad de la muerte de
su hermano, probablemente pensaría algo como esto:
"Si en ti surgió la atracción, en mí el rechazo."
Elena Nolusse.
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